El oro verde


Al sabio francés De La Condomine se debe el primer  relato sobre el sangrado de los árboles —llamados "heve"— que los indios Omaguas llevaban a cabo: "Con una simple incisión —explicó— su secreto fluido lechoso mana gradualmente y se vuelve más duro y oscuro al contacto con el aire". Corría el año de 1745. Los indios llaman a esta resina "caucho", que quiere decir "el árbol que llora". En la cuenca Amazónica el caucho adopta varios nombres; los más conocidos son leche, látex, goma, seringa, jebe y borracha.

 

La gran revolución sobrevino de manos del norteamericano Charles Goodyear, que en 1839 inventó la vulcanización. Combinando la goma elástica con azufre se lograba que aquella conservara su flexibilidad, sin que le afectasen los cambios de temperatura.

 

A finales del siglo XIX, el caucho era conocido como el "oro verde", y su explotación creaba inmensas fortunas en las selvas de Perú, Colombia y Brasil, donde existían más de 30 millones de árboles caucheros. Ciudades como Iquitos en Perú y Manaos en Brasil se hicieron famosas por sus lujos desaforados, como consecuencia de esa explotación. Los llamados "señores del caucho" como Julio César Arana o Fitzcarraldo se hicieron famosos por los métodos esclavistas que pusieron en marcha para la explotación del caucho entre los indígenas. Muchas etnias, entre ellas la de los Omaguas, se extinguieron por completo, mientras que otras, como los huitotos, apenas suman hoy unos centenares de individuos.


Amazonía: Ciencia, Arte y Cultura

 

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